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Hasta luego***


Hace poco se fue alguien con quien compartí risas sencillas y momentos luminosos. Alguien que realmente admiró a una de mis personas del alma y que habitó la amistad con una lealtad infinita y una discreción amable (inmensa como su sonrisa).


Partió de repente, acogido por una enfermedad silenciosa, de esas que se guardan en el cuerpo como un secreto profundo, sin estruendo, sin pedir auxilio.

Al recordarlo vuelve a revelarse esa frágil y persistente verdad: la salud es un tesoro que casi siempre comprendemos cuando empieza a doler.


Sabemos que la cita es ineludible, pero quizá cuando no escuchamos a nuestro cuerpo -por las razones que sean-, esa cita no solo se asoma, sino que se vuelve posible. Aclaro, no hay juicio en esta mirada, (jamás juzgaría el camino elegido) solo que me ha quedado una conmoción inmensa ante su dignidad y el respeto con el que sostuvo su silencio.


Y así, sin previo aviso -nuevamente- la vida nos recuerda lo esencial… pero esta vez -además- nos despedimos de un buen amigo.


***Don: con otra plegaria, buen regreso para ti.

 
 
 

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