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Nuevos comienzos...


En este día de umbral, cuando el tiempo se aquieta para permitir el balance, miramos el año que se va con gratitud lúcida. Agradecemos profundamente a quienes permanecen: presencias constantes, afectos que sostienen, manos que no se soltaron incluso en la fragilidad. Su compañía -color azul- fue abrigo, espejo y aprendizaje.


Siempre pedimos y pediremos bendiciones para quienes ya no están cerca, pero viven en la memoria y en lo que sembraron. Que encuentren caminos serenos y que el vínculo se transforme sin perder su verdad. También, eterna memoria para quienes trascendieron, su ausencia duele, pero su legado permanece, orientando silenciosamente nuestras decisiones y nuestra forma de amar.


El 2025 nos dejó lecciones que no siempre llegaron con suavidad, aprendizajes ganados en la experiencia, en el error, en la pausa obligada. Fragilidades que enseñaron límites y un amor que se depuró, (más consciente, menos urgente, más verdadero). Comprendimos que crecer no es endurecerse, sino afinar la escucha y elegirse con mayor conciencia y coherencia.


Así que recibiremos el 2026 con gratitud por lo vivido, respeto por lo perdido y esperanza sobria por lo que viene. Que el nuevo año nos encuentre fieles a lo esencial, atentos al cuidado -propio y compartido- y con el corazón dispuesto a seguir aprendiendo, con dignidad y ternura. También, que este nuevo comienzo nos siga colmando de amor -del que cuida y no hiere-, de complicidad -la que se construye en confianza y silencios compartidos- y de todas las bendiciones que llegan cuando caminamos con firmeza, a pesar de nuestras contradicciones.


Que no nos falte la ternura para sostener, la claridad para elegir y la gratitud para reconocer cada regalo, incluso aquellos que llegaron disfrazados de aprendizajes.


Buena brisa y mucho a-mar.

 
 
 

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