Reconciliación -con él.-
- Anto-azul

- 15 jul 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 13 ago 2025

Empecemos por el final: sanar la relación con la figura paterna no siempre implica reconciliación externa. Muchas veces es un proceso simbólico, profundo, íntimo y liberador.
Como mujeres cuidadoras, necesitamos desmantelar la idea de que debemos seguir entregándonos sin haber sido nutridas. Reconciliarnos con nuestro padre interno nos permite habitar nuestra autoridad, nuestro derecho a existir y a ser amadas sin condiciones.
Sin embargo ¿por qué el río nos trajo hasta aquí? El desarrollo psicoemocional ha enseñado que la figura paterna -ya sea presente, ausente, amorosa o distante- ejerce una influencia profunda en la construcción de la identidad emocional, significa que de algún modo el padre simboliza protección, validación, estructura, y a menudo, la puerta de entrada al mundo externo.
También hemos aprendido que muchas veces el abandono paterno es estructural. No es un fallo individual, sino parte de una cultura que ha desresponsabilizado históricamente a los hombres de la crianza emocional. -no hablo de todos, sino de una tendencia cultural-.
Al entender que no se trata únicamente de un "hombre" o de un "padre biológico", sino de una presencia estructurante en la vida emocional, se aproxima la idea de que cuando esta figura falla -por ausencia, abandono o agresión-, muchas personas crecemos con una sensación de inseguridad interna, dificultad para poner límites y miedo al rechazo.
Los estudios sobre apego han mostrado que no es la ausencia física la que más daña, sino la ausencia emocional. Un padre puede estar presente en el hogar, pero ausente en afecto, palabras, límites claros o validación emocional. La psicóloga clínica Susan Forward, en su libro Padres que odian (1997), lo describe: "La negligencia emocional puede ser tan devastadora como el abuso físico, porque deja a la niña con la certeza de que no es digna de amor".
Por ello quienes analizan el comportamiento expresan que, cuando hay una ausencia total, el vacío puede ser reemplazado por fantasías, idealizaciones o desconfianza hacia las figuras masculinas o de autoridad.
Hoy con certeza y amor puedo decirte que hace un tiempo me liberé de tu ausencia. Mi desafio fue sanar para elegir con libertad y no desde la herida. Gracias por todo lo que hiciste. Lo recibí con empatía, compasión y respeto.


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