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¿Cómo se camina después de la tormenta?

Actualizado: 27 nov 2025


Después de la tormenta no aparece un sol épico (de esos que prometen finales felices como en las películas). No. Después de la tormenta viene un silencio tibio -casi tímido-, que te pregunta si puedes seguir caminando, aunque sea despacio.


Después de la tormenta, el cuerpo sigue temblando un poco. Las emociones se acomodan como muebles pesados que se han movido bruscamente: desordenados pero en su sitio.

La respiración regresa como quien vuelve a casa después de un viaje largo, y tú empiezas a recordar que mereces paz, incluso cuando te sentiste hecha pedazos.


No hay revelaciones instantáneas.

Hay pequeñas certezas que se asoman como luz filtrada entre nubes:

Que los límites que pusiste -o que intentaste poner- son semillas, no barricadas.

Que los celos que te atravesaron revelaron un miedo que ya no quieres cargar.

Que el silencio que usaste para protegerte también puede transformarse en palabra.

Que la ansiedad que gritó tan fuerte ahora puede hablar en voz baja si la escuchas con paciencia.


Después de la tormenta no vuelves a ser la misma, pero tampoco eres otra.

Eres tú, con un par de capas nuevas; más consciente de tus fragilidades, más dueña de tus verdades, más cercana a ti.


Y lo más hermoso es esto: después de la tormenta llega un momento en el que sientes que puedes abrir la ventana otra vez. No porque todo esté resuelto, sino porque te descubres capaz de sostener lo que venga.

Allí, en ese pequeño gesto -abrir la ventana- es donde empieza la calma verdadera, la calma que no niega lo que sentiste, sino que te acompaña a seguir: más ligera, más sabia, más tú.


***

Pd: gracias a ti que permaneces aquí - aún después de cada tormenta.

***

 
 
 

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