top of page
Buscar

Mi Shelly/Juanita.

  • Foto del escritor: Anto-azul
    Anto-azul
  • 30 jul 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 13 ago 2025

Del muro de Martita. Orlando - Fl
Del muro de Martita. Orlando - Fl


A mí me han gustado los gatos desde mucho antes de que fueran populares. Siempre los he sentido como criaturas maravillosas, llenas de sabiduría y des-aprenderes. Sí, así, des-aprenderes. Porque compartir la vida con un gato implica soltar certezas, romper hábitos, abrirse a una forma distinta de amar.


Recuerdo cuando Juanita, mi primera gata —quien en teoría dependería de mí— llegó a casa. Mi madre, entre seria y escéptica, dijo: “Pobre Juanita, no estará mucho contigo, ya verás.”


Por fortuna, esa sentencia no fue ni remotamente cierta. Juanita resultó ser un ser social, dulce, hermoso, y compartimos casi doce años de amor, complicidad y compañía. Hasta que, un día, con una ternura que aún me estremece, cerró sus ojitos y en su último ronroneo, nos dio las gracias por tanto amor.


Fue Juanita quien me enseñó que sí existe un amor en libertad. Un amor bonito, que no asfixia; que es respiro, oxígeno y bocanada de menta. Un amor donde se puede compartir, disentir, y aún así, permanecer.


Desde entonces, mi historia cambió para siempre. Y si me lo preguntan, lo confieso sin dudar: deseo vivir siempre rodeada de esos seres ronroneadores que me enseñan a elegir, a persistir, y a dar amor a quien verdaderamente lo merece.


Después de que mi pequeño rey gaturrito —porque Juanita resultó ser Shelly— me conquistara, llegaron Coco, Theo, Sissy, Frida, Kiki, Isis, Copper, y muchos/as más. Algunos otros no vivieron conmigo, pero todos han habitado mi corazón.


Puede que algunas personas piensen que son demasiados. Pero yo siento, en lo más hondo de mi alma, que nunca serán suficientes.


Cada uno/a tiene su manera única de buscar y dar afecto, de habitar el espacio con dignidad. Y todos me han enseñado lo mismo: que el amor verdadero siempre viene acompañado de autocuidado, de presencia sin invasión, de libertad con afecto.


Ahora que lo pienso, lo que más me enamoró de Juanis Marranis fue la certeza de que la comunicación verdadera va mucho más allá de las palabras. Son los gestos, la cercanía, los silencios compartidos y los pequeños cariñitos, los que nos conectan en lo profundo.


Por eso, un día cualquiera, sin mayor pretensión, quiero invitarte a que observes por un instante a un/a gatito/a —en tu hogar o en el de alguien más— y admires cómo, con elegancia, ese ser ronroneador nos susurra: “Sí, en efecto, esta vida bonita y llena de cosas hermosas… la merezco.”


Purr, purr, purr.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
*Algunos balances*

Por estos días me da por hacer balances y hay uno que me aprieta el pecho. Algunas veces siento que soy una mala amistad. Y no, no es por falta de cariño, ni amor, sino por una dejadez que se me insta

 
 
 

Comentarios


bottom of page