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Y me fui pa-l piso...

Actualizado: 13 nov 2025


A veces la vida te frena en seco. Te vas de jeta (amo esa palabra) y el suelo se vuelve espejo. Ahí, entre el dolor y la quietud, comprendí -otra vez- que detenerse también es una forma de avanzar.


El cuerpo, sabio y cansado, solo quiso decirme: “basta de correr, hay cosas y situaciones que se sanan en silencio.”


Entonces miré el dolor sin disfraz, acepté que ser cuidada también es un acto de amor, y que pedir ayuda no es debilidad, sino un gesto de confianza profunda.


En esa pausa aparecieron y se ratificaron los(as) que permanecen: quienes abrigan con palabras simples y sonrisas, quienes te acompañan sin miedo al silencio, quienes hacen del cuidado una música suave.


Aprendí que el cuerpo no se equivoca cuando pide ternura, que hay abrazos que también curan, y que hasta en el tropiezo florece la gratitud. Porque en ocasiones es en el suelo donde recordamos que seguimos sostenidas por la vida, que todavía hay camino, y que incluso con un golpe, el alma puede sonreír.

 
 
 

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